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Nenas y nenes ¿cómo es el juego en unos y otros?

Varones o nenas, los bebés son prácticamente iguales, excepto por sus diferencias genitales. Pero a medida que crecen, las peculiaridades empiezan a extenderse más allá de la anatomía.

Juego e infancia son aliados inseparables del crecimiento saludable. Para el niño, no se trata simplemente de una cuestión recreativa: el juego también le permite elaborar situaciones difíciles, incorporar aprendizajes, socializar, descargar tensiones, perfeccionar la motricidad, desarrollar la imaginación, desplegar la fantasía, ensayar roles... Precisa- mente por eso, cada etapa del desarrollo se caracteriza por la presencia de determinados juegos, que acompañan y dan testimonio del trabajo psíquico y de las adquisiciones logradas hasta ese momento.

Pero más allá de esta función psicológica, la cultura va imponiendo a los niños formas de ser y modelos con los cuales identificarse, que se expresan por medio de los juguetes que se les ofrecen. Basta entrar en una juguetería para notar la marcada diferencia entre los sectores de varones y de nenas. Las góndolas masculinas desbordan de pelotas, aviones, dinosaurios, super-héroes, robots, autos y camiones de colores fuertes, entre los que prevale- ce el azul. En la sección de las niñas, en cambio, predominan los colores suaves, sobre todo el rosa, y abundan las muñecas, las baterías de cocina, los electrodomésticos infantiles, los tules, los brillos, el maquillaje y las princesas. Estas características parecen reflejar, incluso hoy en día, estereotipos y expectativas sobre el comporta- miento de hombres y mujeres.

Los primeros juguetes

Si de juguetes se trata, las diferencias empiezan a manifestarse a partir de los 2 años. Antes de esa edad, no hay nada específico para “bebas” o para “bebés”, sino juguetes para bebés en general.

Móviles, mordillos, mantas-gimnasio, juguetes para apretar o chupar, centros de actividades, cubos, peluches, juguetes para el agua o de arrastre... no difieren demasiado, más allá de que algunos puedan venir en celeste o en rosa.

En esta primera etapa, el objetivo es que el pequeño ejercite la motricidad y los sentidos (vista, gusto, tacto, olfato, oído), descubra las propiedades de los objetos, aprenda a calcular distancias y a resolver problemas simples. Así que por el momento, los juguetes para varones y para nenas no entran en escena.

A partir de los 3 años

Desde esta edad el pequeño empieza a tomar conciencia de qué significa ser varón o nena para la cultura en que vive. Todavía no conoce la diferencia sexual anatómica, de modo que por ahora los conceptos de femenino y masculino quedan expresados en atributos externos, como la ropa (vestidos y pantalones), los juguetes (muñecas y pelotas) y los colores (rosa y celeste). Sin embargo, comienza a tener en claro qué ropa o qué juguete “tiene que elegir” si es niña o niño. Más aún: se da cuenta enseguida del reconocimiento que obtiene de papá y mamá cuando su elección coincide con lo esperado, o -por el contrario- de la inquietud que se genera cuando eso no sucede

Pero, ¿quién dijo que a las chicas no les gusta jugar con autitos, o que a los va- rones no les agradan las muñecas? Un caso típico se da cuando el niño es hijo único. Si se trata por ejemplo de una nena y va a la casa de un varón, es habitual que lo primero que agarre sea un auto o una pelota, porque eso es, precisamente, lo que no tiene en su casa. Distintas son las cosas cuando hay her- manos del sexo opuesto: esos juguetes no le llaman la atención, porque puede acceder a ellos en su propio hogar. Vale decir que la elección no depende de que el juguete sea de nena o de varón, sino de lo novedoso que resulte.

De varones y de nenas

Claro que hay juguetes predilectos de las niñas y otros de los niños, porque jugar con ellos les permite recrear situaciones con las que van identificándose. Sin embargo, que alguien quiera jugar con uno que supuestamente “no corresponde” no debería representar un problema.

Los papás que temen que jugar con “cosas de nenas” (o de nenes) deter- mine la identidad sexual de sus hijos deben saber que la identidad sexual constituye un intrincado proceso que va más allá de la propia anatomía, que termina de definirse y de consolidarse recién en la adolescencia, y que no se modifica por los juguetes que el chi- co elija. En todo caso, la insistencia o la rigidez de un pequeño a la hora de elegir siempre juguetes de nena, o viceversa, pone en evidencia que hay algo que quiere decir y que es preciso escuchar. La recomendación es no angustiarse ni alarmarse, y buscar un espacio terapéutico donde poder interpretar su mensaje.

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Qué juguetes elegir

A la hora de comprar es indispensable tener en cuenta la edad, porque hay juguetes apropiados para cada etapa. Por la misma razón, los papás verán que, salvo sus predilectos, que resisten el paso del tiempo, los juguetes irán cayendo en desuso a medida que su hijo vaya creciendo y cambiando de intereses.

Por otro lado, hay que considerar también las preferencias, que tendrán más que ver con el carácter del niño y con lo que necesita expresar en ese momento que con su género.

Y si bien hay juguetes que se asocian a nenes y otros a nenas, los hay también “unisex”, como pelotas, aros de básquet, bicicletas, patines, patinetas, libros, rompecabezas y juegos de ciencia o de mesa, entre muchos otros. Los estereotipos sexuales son ideas con las que muchas veces se “encasilla” a hombres y mujeres, y que finalmente marcan desigualdades y limitan las expectativas que los chicos tienen de sí mismos. Que quede claro: varones y mujeres, todos los seres humanos tenemos características femeninas y masculinas que conforman nuestra personalidad.