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Abuelas entrometidas: cómo controlarlas

El lazo que se establece con los nietos es único. Sin embargo, ser la abuela no significa ser la “segunda madre”. La responsabilidad de la educación recae sobre los padres, y los abuelos pueden relajarse y mimar sin culpas a los pequeños. Pero mimar no significa malcriar. Es posible -y necesario- crear con los chicos un vínculo sólido que no se base en la trasgresión continua de los límites. Ahora bien, cuando la abuela es entrometida y toma decisiones que chocan con las que plantean los padres, lejos de convertirse en una aliada de los nietos, se vuelve un factor de conflicto. 

El triste resultado es que se desautoriza a los padres. Pero además, los chicos perciben la tensión entre sus padres y su abuela, que son afectos valiosos en su vida.

Del estereotipo a la realidad

Los roles familiares suelen asociarse con determinados estereotipos. Así, la figura de la abuela se vincula con una dulce mujer que acompaña a la joven madre en la crianza de los hijos. Dotada de gran paciencia y sentido de ubicación, siempre tiene sabios consejos para dar, y la creatividad suficiente para convertir una tarde común en una divertida aventura de experiencias y sabores deliciosos. 

Pero los estereotipos y la realidad no siempre coinciden. Cada persona es diferente y las abuelas no son la excepción. Muchas tienen varios de los atributos mencionados, pero hay otras cuya personalidad -lejos de alentar un buen clima- suele traer discordia y enojo. Por ejemplo, cuando una abuela es entrometida, pone de manifiesto cierta falta de límites en la relación con su hija o con su nuera, invade, o tienen comentarios o actitudes fuera de lugar, que finalmente terminan provocando roces familiares.

¡La madre soy yo!

En ocasiones, las abuelas tratan de mostrar cómo criaron a sus hijos, o intentan reproducir con sus nietos sus tácticas para dormirlos o para calmarlos cuando lloran. Estas conductas pueden motivar sentimientos de inseguridad en la hija o en la nuera, y pero al mismo tiempo una sensación de interferencia y de falta de confianza en su propia capacidad para ser madre. Así, es posible que se genere una competencia por los lugares y el protagonismo, que no solo deja de lado las verdaderas necesidades del bebé, sino que lleva a la disputa por el control de las decisiones que se toman.

El vínculo que se establece con personas invasivas y dominantes, tiene -indefectiblemente- dos desenlaces: el sometimiento, o la puesta de límites. De más está decir que la opción más recomendable es fijar el límite. Cuando la conducta que se elige es ignorar las intromisiones esperando que desaparezcan con el tiempo, lo único que se logra es aumentar la tensión.

Frases que suelen “encender la mecha”

  • Las que desautorizan: “No tenés que alzarlo cuando llora, lo vas a malcriar”. “Le preparé otra comida, la que dejaste no le gustó”
  • Las que compiten: “Conmigo se tranquiliza enseguida”. “Eso lo aprendió conmigo”. “Conmigo come todo”. Corriste como una loca en tu hora de almuerzo para llegar a darle su primera papilla y…“Ya le di de comer, estaba muerto de hambre; mañana le das vos”.
  • Las que critican: “Lo que pasa es que no tenés autoridad”. “Ya te tomó el tiempo”. “El problema sos vos, conmigo nunca hace caprichos”.

Cómo evitar el conflicto

Nadie duda que quienes deben decidir sobre la crianza del niño son sus padres. Sin embargo, hay personas avasalladoras que parecen querer competir por ese lugar. 

Para una abuela entrometida no hay nada mejor que encargarse del cuidado de su nieto, asumiendo un papel activo en la crianza, por ejemplo, cuando los dos padres trabajan fuera de casa. Si aun conociendo su manera de ser, los padres optan porque sea ella quien se ocupe, deben saber que habrá ventajas y desventajas. La tranquilidad de contar con alguien en quien se puede confiar ciegamente, pero al mismo tiempo la repercusión emocional que eso tendrá en la convivencia diaria.

Ser consciente de las características de personalidad de la abuela contribuye a anticiparse a los conflictos. Si tu madre o tu suegra son entrometidas o autoritarias, no hay por qué pensar que eso cambiará cuando nazca tu hijo. ¿Qué hacer? En primer lugar, definir cuál es el estilo de crianza que, como padres, queremos para nuestros hijos. Sobre esa base, fomentar el diálogo familiar y establecer pautas claras que deberán respetarse.

En cualquier caso, todos los seres humanos tienen aspectos positivos que suelen contrarrestar las facetas menos agradables. Rescatar esos valores es una buena manera de preservar el vínculo entre la abuela y los nietos. Porque más allá del enojo que puedan causar ciertas situaciones, los chicos tienen derecho a disfrutar de sus abuelos. Así que mucha paciencia, tolerancia, y por qué no, una buena dosis de humor, siempre tan efectivo a la hora de quitar presión a las situaciones difíciles.

Tip

Si la abuela entrometida es tu suegra, tratá de que los posibles conflictos no afecten tu relación de pareja.

Asesoró: Dra. Mariana Czapski, Psicóloga y Especialista en Psicología Clínica

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