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El sexo del bebé: 12 mitos populares

Frente a una mujer embarazada -y desde tiempos remotos- familiares, amigos, conocidos y extraños han querido vaticinar el sexo del bebé, y hasta se jugaban apuestas entre los que decían que era una nena y los que afirmaban que era varón.

En la actualidad, y gracias a los avances de la tecnología, es fácil saberlo. De hecho, en una ecografía se puede distinguir claramente el sexo del niño mucho antes de que nazca (siempre y cuando el bebé esté en una posición que permita ver la zona genital mientras se realiza el estudio). También por medio de estudios genéticos en que analizan los cromosomas, es posible determinarlo sin margen de error.

Pero décadas atrás, cuando el sexo del bebé era una verdadera incógnita hasta el instante mismo del parto, los mitos y las supersticiones de tías y abuelas pretendían confirmar cuándo la criatura en cuestión era un varón y cuándo era una nena. A continuación, algunas de las pistas que -a su criterio- resultaban… ¡infalibles!

 1. La forma de la panza

Si al mirarla de atrás no se advierte que la mujer está embarazada, porque la forma de la panza es en punta hacia adelante, nuestras abuelas hubieran jurado que espera a un niño. En cambio, si la panza es más ancha y va también hacia los costados, no hubieran tenido duda: es nena.

2. Los movimientos del bebé

Según esta creencia, si el pequeño es muy movedizo, se trata de un varón; si es más tranquilita, es una nena.

3. La apariencia de la mujer

Si la futura mamá se ve más linda que nunca, sin duda es un niño. Pero si no se ve tan linda como antes del embarazo, está gestando una nena.

4. La forma del rostro materno

Según este mito, cuando la embarazada tiene la cara redonda y rellenita, espera una nena.

5. Antojos de dulces o de salados

Las abuelas aseguraban que si la mamá sentía deseo de comer algo salado o ácido, viene un varón. Si en cambio son de cosas dulces, entonces se trata de una nena.

6. El cutis de la futura madre

Si la piel del rostro luce mejor que nunca, el que viene es varón. Pero si cutis tiene acné o se llena de manchas, es una mujercita.

7. El humor de la mamá

Se decía que si la futura madre tenía cambios de humor muy repentinos, esperaba una nena.

8. El tamaño de los pechos

Según este mito, si el pecho derecho es más grande que el izquierdo, el bebé en cuestión es varón. A la inversa: si el izquierdo es más voluminoso que el derecho, la que viene es una niña. Entonces, ¿qué dirían si ambos pechos tienen el mismo tamaño?

9. Náuseas

De acuerdo a este arraigado mito, si la futura mamá tiene muchas náuseas, y sobre todo si la acompañan durante gran parte del día, no hay duda: espera una niña.

10. La prueba del péndulo

Se hacía colgar una aguja o una alianza de un hilo o de una cadena, y se la sostenía apoyando la mano sobre el abdomen de la futura mamá o sobre su mano. Si la cadena (o el hilo) comenzaba a moverse en línea recta, hacia un lado y hacia el otro, como un péndulo, era porque la mujer estaba gestando un niño. Si en cambio se movía dibujando un círculo, el bebé era una niña.

11. El test de la llave

Sin que la madre advirtiera que estaban testeando el sexo del bebé, le daban una llave para que la agarrara. Si la tomaba del lado redondito (de la manijita), era un varón. Si en cambio la agarraba del lado con ranuras (que abre la puerta), se trataba de una nena.

12. ¿A ver las manos?

Otra prueba que se le hacía a la futura madre sin que supiera de qué se trataba. Si al decirle “¿A ver las manos?” las mostraba con las palmas hacia arriba, el bebé era nena; si lo que mostraba era el dorso (palmas hacia abajo), esperaba un varón.

Una amniocentesis, estudio que analiza los cromosomas, permite determinar el sexo del bebé sin ningún margen de error.

La verdad de la milanesa

Vale la pena aclarar que todos estos mitos, divertidos pero sin asidero científico alguno se mantuvieron durante años (y más de uno sigue vigente a la fecha…). La única certeza es que las probabilidades de que sea una niña o un varón son idénticas: 50 y 50. Para saberlo, solo hay dos caminos: una ecografía o un estudio genético… o esperar enterarte en la sala de partos.

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