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Calostro: por qué es tan importante que el bebé lo tome

Las cualidades del calostro son únicas. La naturaleza lo diseñó especialmente para el recién nacido, y sus beneficios son innumerables.

El calostro es la primera variedad de leche que produce el pecho materno, y es el alimento que el bebé recibe desde que nace y hasta los primeros 3 a 5 días de vida. Se trata de un líquido semitranslúcido, espeso, amarillento y ligeramente salado que, además de aportar una buena cantidad de proteínas, vitaminas liposolubles, carotenos y algunos minerales, también contiene sodio, que le da ese sabor.

La cantidad justa

Muchas mamás se angustian pensando que la cantidad de calostro que producen no es suficiente para alimentar a su hijo. Lo cierto es que el calostro es escaso. Sin embargo, es el volumen exacto que el bebé necesita en ese momento de su vida. ¿Por qué? Porque durante toda la gestación y hasta el momento de nacer, el bebé recibió todos los nutrientes por medio del cordón umbilical. Y como llegó a este mundo con una buena reserva, no necesita comer demasiado. Por lo tanto, el calostro que le proporcionan tus pechos es suficiente para saciar su apetito.

Un dato más: durante los primeros días de vida, el recién nacido no necesariamente hará provechito, ya que la cantidad de alimento que toma es muy poca.

Como una primera vacuna

A pesar de ser escaso, el calostro es algo así como un “oro líquido”. No en vano suele decirse que se trata de la “primera vacuna”: tiene más de 60 componentes (30 de ellos exclusivos de la leche humana), muchos de los cuales actúan de manera combinada creando una defensa única contra microbios, virus y hongos.

Gracias al calostro, el bebé recibe inmunoglobulinas (anticuerpos protectores), entre ellas la IgA, cuya función es recubrir el interior del estómago y el intestino para que se defiendan de infecciones y toxinas, e impedir que penetren en su cuerpo. Algunas son incluso capaces de “matar” a los agentes patógenos.

Los linfocitos que contiene el calostro otorgan al bebé información inmunológica, a punto tal que podríamos decir que se trata de su primera vacuna.

Y además de ser una rica fuente de vitamina A, tiene efecto laxante, por lo que ayuda al recién nacido a eliminar rápidamente el meconio (primera deposición) y junto con él el exceso de bilirrubina. Así, no solo libera el intestino sino que previene la ictericia.

Tip

Los pechos comienzan a producir calostro en el sexto mes de gestación. Es más, en ocasiones puede gotear un poquito en forma espontánea. Si durante el embarazo notás que tus pechos secretan calostro, aprovechá para distribuirlo sobre tus pezones, dado que se trata del mejor de los lubricantes. No tengas miedo porque no se “gastará”: cuando tu bebé nazca, tendrás la cantidad suficiente para alimentarlo sin problema.

Al pecho desde el primer momento

El bebé puede comenzar a mamar desde el momento en que llega al mundo. Es más: cuanto antes empiece, mejor, porque está comprobado que amamantar en forma temprana tiene múltiples ventajas. Entre ellas:

  • El recién nacido aprovecha el calostro y todos sus beneficios.
  • La puesta al pecho favorece la interacción y el vínculo entre madre e hijo.
  • El contacto cuerpo a cuerpo ayuda al bebé a regular su temperatura corporal.

De ahí la necesidad de iniciar la lactancia lo más pronto posible y de una manera tranquila. Por eso es conveniente regular las visitas durante la estadía en la maternidad, de modo que los papás puedan familiarizarse con su hijo, interpretar sus necesidades, y alimentarlo “a libre demanda”, es decir, cuando el peque lo requiera.

Asesoró: Fundalam (Fundación Lactancia y Maternidad)
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