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Qué hacer cuando los pechos producen de más

Cuando una mujer está gestando una nueva vida, su cuerpo se va preparando para alimentar a ese pequeño que en poco tiempo llegará al mundo. En especial sus pechos, que se alistan para satisfacer el apetito del recién nacido.

Los primeros 2 a 4 días que siguen al nacimiento, el bebé tiene a su disposición una variedad de leche -escasa y amarillenta- que recibe el nombre de calostro. Recién después de ese lapso se lleva a cabo la “bajada” de la leche propiamente dicha.

Lo ideal sería producir la cantidad justa que el chiquito va a tomar. Pero sucede que el organismo aún no sabe cuál es la medida exacta para abastecer esa demanda. Por lo tanto, no es raro que las semanas iniciales los pechos “fabriquen” más de lo necesario. Es cierto que, de algún modo, este exceso puede considerarse una garantía de alimento para el niño. Sin embargo, también tiene sus inconvenientes.

 

Lo ideal sería producir la cantidad justa que el bebé va a tomar, pero al principio, el organismo materno no sabe cuál es la medida exacta para abastecer esa demanda.

 

Buscar el equilibrio

El organismo elabora una gran cantidad de leche, que se conserva en las mamas para que el pequeño la tome. Pero si la producción es muy grande, el bebé sacia su apetito con solo una parte. El resto permanece retenido dentro de los pechos. Por eso, es habitual que se perciban “llenos” aun después de amamantar.

Y ese no es el único problema: la leche residual que queda en los senos aumenta la probabilidad de padecer mastitis y grietas en los pezones. Sumado a ello, el reflejo de eyección tiende a ser muy intenso (los pechos segregan demasiada leche y con mucha fuerza), lo que puede dar lugar a que el niño se atragante mientras come.

Por otro lado, la leche que brota al comienzo de la toma no es igual a la del final, cuando las mamas se están vaciando. La primera contiene una proporción mayor de agua y lactosa. La otra, en cambio, es más rica en grasas. En consecuencia, si la criatura “se llena” enseguida no logra aprovechar la leche gorda que sale después.

¿Qué hacer? No alarmarse, y buscar el equilibrio. Vos misma podés poner en práctica los métodos para lograrlo (ver recuadro: “Consejos para controlar la superproducción y prevenir sus consecuencias”). Y si aun así no lográs revertir la situación, lo más indicado es que consultes con un profesional.

 

Consejos para controlar la superproducción

  • Antes de amamantarlo, extraete un poco de leche con las manos. Eso evitará que tu bebé se atragante con la primera bajada, que suele ser muy intensa.
  • Dale el pecho sentada o recostada boca arriba, ubicando a tu bebé de modo tal que sus labios queden sobre la teta. Para que la naricita no se le hunda en tu pecho y pueda respirar bien, sostenele la frente con la mano. Ambas posturas permiten que tu hijo pueda regular la cantidad que ingiere sin atragantarse.
  • Ofrecele un solo pecho por mamada. Por un lado, tu bebé succionará hasta vaciarlo y consumirá así las dos variedades de leche (la primera, rica en agua y lactosa, y la segunda, de mayor tenor graso). Y si consume menos lactosa, va a tener menos cólicos y gases. Pero además, el pecho que no le ofreciste retendrá la leche por más horas, y no necesitará producir para la siguiente toma.
  • Para calmar la sensación de “pechos llenos” extraete un poco de leche en forma manual, después de que tu bebé termine de tomar. Pero no las vacíes por completo porque tu organismo interpretará que tu bebé come mucho y continuará produciendo en exceso. Extraé solo un poco, durante algunos minutos, como para aliviar la tensión y nada más.
  • Cuando deglute a menudo y con mucho ruido, es porque además de leche está tragando aire. Interrumpí la toma 2 o 3 veces para hacerlo eructar.
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      Con el asesoramiento de FUNDALAM, Fundación Lactancia y Maternidad
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