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¿Seré una buena madre?

La maternidad es uno de esos grandes temas sobre los que todos (tengan la profesión que tengan, hombres o mujeres, sean padres o no, se les pida o no consejo) nunca resisten a la tentación de opinar y decirte “cómo sería hacer las cosas bien”.

Si no le diste teta, porque no se la diste; si lo amamantaste hasta los 2 años, es un exceso; si lo tenés mucho tiempo a upa, lo vas a malcriar; si no lo alzas mucho, no sos cariñosa… Y así la lista podría llevar páginas y páginas o continuar interminablemente. ¿Pero será posible? ¡Parece que nunca acertás en la forma correcta de criarlo! Y, obviamente, en medio de todas las opiniones ajenas, afloran los miedos e inseguridades propios.

¿Qué hacer entonces? Está bien que te informes con fuentes que sean confiables. Pero animate a confiar más en vos, que no hay un manual de instrucciones para criar a los hijos sin errores. Seguramente cometerás muchos (¡como lo hacemos todas las madres!), pero lo que importa es poder repararlos y relajarte porque te contamos un secreto: por si lo notaste, “las madres perfectas no existen”.

 

La confirmación de que estás haciendo las cosas bien te la dará tu propio hijo y su felicidad.

 

Equilibrio y sentido común

La verdadera sabiduría de la vida está en encontrar el equilibrio, lo que no es nada fácil por cierto. Y esto es también aplicable a la forma de ser madre: hay muchos estilos y matices. Una vez más, el verdadero desafío está en encontrar el equilibrio justo. Ni un extremo ni el otro, ni sobreprotectoras ni negligentes. Mientras que las primeras se anticipan siempre a las necesidades de sus hijo (antes de que el pequeño lo pida) y los cuidan por demás, las segundas -lejos de brindar un cuidado desmesurado- dejan que su hijo se las arregle solo, y no registran sus verdaderas necesidades.

En el medio de este espectro está la gran mayoría de las mamás, las que tratan de conectarse con las necesidades de sus hijos y también con las propias, haciendo lo que pueden. Sí, tal vez no siempre lo indicado o lo perfecto, pero porque hacerlo siempre bien, es posible solo en las publicidades de la tele.

Claro que hay parámetros que nos pueden orientar y guiar, pero la maternidad es una experiencia en la que justamente es importante apelar al criterio propio y asumir la aventura de elegir de qué forma se quiere criar a un hijo aunque a veces las decisiones que se tomen no coincidan con las de otras personas. Cuando dudes, un importante aliado será el sentido común, es decir esos conocimientos y creencias compartidos, que son considerados prudentes, lógicos o válidos.

 

¿Te pasó alguna vez…?

¿A qué mamá no le pasó algún día, que llegó súper cansada a casa y tuvo más ganas de ir directo a la cama que de ponerse a jugar con su hijo? ¿A quién no le pasó que, con tal que deje de llorar por un rato, le dio su celular para que se entretenga? ¿Qué mamá, aunque sea una vez, llevó al bebé a la cama para poder dormir de corrido toda una noche? ¿A quién no le pasó de sentarlo frente a la tele para poder hablar un rato por teléfono? ¿Qué mamá no se “salteó” un día del baño diario porque llegó a casa tarde del trabajo y estaba extenuada? ¿A qué madre no le pasó que se le atrasó un par de semanas la fecha de una vacuna? ¿Nunca te pasó de “olvidarte” de cambiarle el pañal después de darle la teta? Y también, por estar enojada con tu pareja, hasta tal vez un día le gritaste a tu hijo…

Seguro que, al menos con una de estas situaciones te sentís identificada. Y claro que es cierto que jugar con los chicos es importante, que el uso del celular o las tablets no es recomendable a edades tempranas, que el baño diario es una rutina que debe sostenerse, que los bebés deben dormir en su cuna, que hay que cumplir a rajatabla las fechas de vacunación, etcétera. Todo eso es cierto, pero también es cierto que estas cosas no pasan a cotidiano. Ni le levantás la voz todo el tiempo, ni lo pones frente a la televisión todo el día, ni descuidás su calendario de vacunación, ni evitás jugar con él permanentemente. El equilibrio, ¿te acordás? Bueno, eso es lo que te va a guiar. Si algún día no lo bañaste, nada va a pasar. Tampoco si le diste tu celu o tu tablet para poder entretenerlo un rato. Tranquila, eso no te hace una “mala madre” ni mucho menos. Lo importante es lo que pasa la mayor parte del tiempo.

En cambio lo que importa y lo que sí debés preguntarte es si te conectás emocionalmente con tu bebé, si pensás en él y si estás atenta para comprender sus necesidades y satisfacerlas, y si sentís alegría cuando estás a su lado. Eso es lo que importa. No si un día te olvidaste de cambiarle el pañal a media mañana.

 

Los ideales son solo ideales

Todas tenemos un “ideal” de maternidad construido desde la infancia, aunque influido por el entorno social, y alimentado por las películas y publicidades en las que se ve la familia ideal. Todas queremos ser buenas madres y eso está clarísimo, pero cada mujer tendrá su propia idea de cómo lograrlo. Lo cierto es que estos ideales nos someten a grandes exigencias, que están mucho más exacerbadas con el primer hijo. A partir del segundo las cosas cambian, porque ya se tiene clarísimo que no se puede con todo (y ni que hablar con un tercero…).

Pero que no sea perfecto no quiere decir que no sea muy bueno.

 

Permitite permitir

Permitite equivocarte. No te culpes si algo falta en la alacena. Permitite que no todo sea siempre como los demás esperan. Aceptá pedir ayuda cuando la necesitás. Date la libertad de decir “no puedo, ahora no, estoy cansada”. Permitite pedir disculpas. ¡Permitite ser humana!

La maternidad es una aventura hermosa, pero que puede volverse una pesada carga cuando tratamos de cumplir con ideales de perfección.
Viví. Aunque no esté todo tan limpio, aunque llegues tarde algunas veces, aunque no estés siempre de buen humor, aunque no tengas ganas de cocinar todos los días.

 

Lo que él necesita

Tu bebé necesita de una mamá que pueda ser su sostén afectivo, que pueda consolarlo y calmarlo. También necesita tus caricias, porque ellas lo ayudarán a sentirse seguro y amado. Y fundamentalmente necesita que le brindes un mundo previsible, constante y amoroso, donde poder crecer rodeado de personas que lo cuiden y le brinden su afecto.

Pero no necesita una mamá perfecta, sencillamente porque la perfección no existe. Tampoco necesita juguetes caros y ropa de diseño, o que estés siempre de buen humor y le digas que sí a todo lo que pide. Lo que él necesita es que te intereses en él y lo comprendas. A cada edad tendrá diferentes necesidades, conocerlas te será de gran ayuda. También necesita que si te equivocás, le pidas disculpas, y que si estás de mal humor le digas cómo te sentís para que no crea que es culpa suya o que estás enojada con él. Necesita de límites claros, firmes y amorosos.

Descubrí qué cosas te divierte hacer con tu hijo. Tal vez no disfrutes contándole cuentos antes de dormir o jugando tirados en la alfombra, pero seguramente habrá otras que sí te encante hacer con él. Ser genuina será algo que te conectará verdaderamente con tu hijo. Lejos de las presiones sociales, confía en lo que tu intuición de mamá te dice. La confirmación de que estás haciendo las cosas bien te la dará tu propio hijo y su felicidad.

Y no te olvides de tus propios deseos e ilusiones, porque tu hijo necesita que también seas feliz y estés conforme con tu propia vida.

 
Con el asesoramiento de Dra. Mariana Czapski, Psicóloga y Especialista en Psicología Clínica

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