La revista que más sabe de bebés

Mami, ¿me puedo quedar a dormir?

Más tarde o más temprano, todos los chicos hacen el mismo planteo: Mami, ¿me puedo quedar a dormir en la casa de…? Mientras que para algunos papás la propuesta puede resultar tentadora -porque pueden salir a cenar o ir al teatro- para otros es motivo de inquietud.

¿Cuándo es conveniente dejarlo dormir en otra casa? ¿Qué señales indican que ya está preparado? En caso de aceptar, ¿qué medidas hay que tener en cuenta para que su primera noche fuera de casa resulte una buena experiencia?

 

Está creciendo

A medida que crecen, los chicos van transitando un largo camino hacia su autonomía. Es que crecer no solamente es “volverse grande” sino poder valerse por sí mismo. Eso lleva mucho tiempo, toda la infancia e incluso más. Para conquistar esa independencia, el niño precisa contar con una maduración adecuada, y sus padres deben alentarlo a vivir sus propias experiencias. Por supuesto que la tarea es alentarlo pero sin descuidarlo, y lo importante es que a la hora de tomar las decisiones no desoigas tu sentido común. Y sobre todo, que no solo te preguntes si tu hijo está preparado sino también si lo estás vos.

 

¿Es chiquito? ¿Es grande?

Tan frágil para algunas cosas y tan decidido para otras, a veces no sabés qué debés permitirle a cada edad. Y no, ser papás no es tarea fácil, y seguramente te vas a equivocar muchas veces, porque las mamás perfectas no existen: algunos se equivocan más y otros menos. Lo importante es aprender de los errores y poder repararlos.

Así como hay familias que sobreprotegen a sus hijos, otras los empujan tempranamente a asumir actitudes o actividades propias de niños más grandes. Y muchas veces, una misma familia tiene ambas actitudes en forma simultánea: para muchas cosas que serían adecuadas para su edad, consideran que su hijo es muy pequeño; y para otras que requerirían de una mayor maduración, consideran que ya es grande. El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre ser permisivos y sobreprotectores, ya que ambos extremos son perjudiciales.

 

Separarse de los padres es un proceso que se va dando en forma gradual y constante en la vida del niño. Por eso, no hay que saltear etapas.

 

¿Qué apuro hay?

Separarse de los padres es un proceso que se va dando en forma gradual y constante en la vida del niño. Por eso, no debés saltear etapas.

Cuando es muy chiquito, el bebé necesita estar con su mamá y su papá, y no es conveniente separarlo en forma muy prolongada, dado que podría ocasionarle trastornos graves. Pero a medida que va creciendo y desarrolla un lenguaje apropiado para expresar sus necesidades, puede pedirte que lo dejes quedarse a dormir en casa de algún familiar que forme parte de su vida cotidiana, como por ejemplo los abuelos o los tíos, si los ven con frecuencia y comparten tiempo y juegos con él.

 

El momento oportuno

El niño necesita comprobar que separarse de su madre no significa perderla, precisa constatar que cuando vuelve, mamá está esperándolo sin que nada del vínculo se haya perdido ni modificado. Cuando estas experiencias se desarrollan sin conflictos y en forma placentera, tanto para él como para sus padres, el pequeño se sentirá seguro de sí mismo e independiente.

Sin embargo, al verlo tan decidido la sorpresa es grande cuando a mitad de la noche suena el teléfono, y los papás del amiguito te piden que lo vayas a buscar porque tu hijo no para de llorar. Clara señal de que todavía no era el momento.

La forma en que los chicos alcanzan su autonomía es ensayando acercamientos y alejamientos de sus padres y de las figuras familiares. Pero que haya pasado exitosamente una noche en casa de los abuelos no significa que ya esté listo para quedarse en lo de un amiguito.

 

Y entonces, ¿cuándo?

Cuando ingresa a la escuela primaria y comienza su etapa más importante de socialización, recién entonces se puede considerar que es un buen momento. Pero también, debés tener en cuenta que sea capaz de manejarse en forma autónoma para ciertas cosas, como vestirse, ponerse el pijama, lavarse los dientes, peinarse, bañarse e ir al baño si ayuda. Estos logros madurativos te dan más pistas de que está en condiciones de afrontar una noche fuera de casa con una familia que no es la suya. Aun así, es frecuente que los primeros intentos sean fallidos. Sucede que tu hijo conoce a su amiguito y a su mamá, pero probablemente en la casa haya otros integrantes a quienes nunca vio, como el papá, los hermanos o los abuelos. Y por lo general, para poder separarse de sus padres, los chicos necesitan sentirse seguros.

 

¿Y si extraña?

Una vez que decidís permitirle que duerma en otra casa, tenés que estar preparada para que a mitad de la noche quiera volver: es el momento en que los temores se intensifican.

En muchos casos, la imaginación lo lleva a desarrollar temores, y como esa sensación aparece o se intensifica por la noche, es probable que pida volver a casa.

Otras veces, la angustia del chico es -en realidad- reflejo de la angustia de sus padres, que lo dejaron ir pero sin estar muy convencidos. Por eso, tenés que darle la seguridad de que si quiere volver, a la hora que sea, irán a buscarlo y no se enojarán por eso.

Y si hay un intento fallido, no lo consideres como un fracaso, ni se lo transmitas a tu hijo de esta manera, y mucho menos lo retes. Si hoy no pudo, habrá otras oportunidades en que sí lo logrará. Una buena manera de ayudarlo es que invites amiguitos a dormir a casa, para que pueda ver qué le pasa a otros niños.

 

Algunos consejitos

Para que quedarse a dormir fuera de casa resulte una experiencia agradable para tu hijo, conviene que tengas en cuenta algunas recomendaciones.

  • Sentite segura acerca del lugar donde se quedará tu hijo. Los chicos perciben los temores de sus padres y eso los atemoriza también a ellos.
  • No lo presiones para que se quede si no quiere.
  • Asegurarle que vas a ir a buscarlo en el momento en que decida volver, y cumplí con la promesa.
  • No te enojes si tenés que ir a buscarlo.
  • Acordá con la familia que lo invita que te llamen si tu nene quiere volver.
  • Colocá en su mochila un papel con los número de teléfono de casa y de los celulares de papá y mamá.
  • Sugerile que se lleve algún objeto propio (por ejemplo un juguete) que funcione como objeto transicional.

 
Con el asesoramiento de Dra. Mariana Czapski, Psicóloga y Especialista en Psicología Clínica.

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados.