De la cuna a la cama: cuándo y cómo hacer la transición sin estrés
Desde los primeros días de vida, el moisés, la practicuna o la cuna colecho se convierten en el espacio donde el bebé pasa la mayor parte de sus horas de descanso. Generalmente ubicadas en el cuarto de los padres, estas opciones brindan cercanía, comodidad y seguridad durante los primeros meses.
Con el crecimiento del bebé, y especialmente cuando comienza a moverse con mayor libertad, surge la necesidad de trasladarlo a una cuna más amplia, diseñada para acompañar esta nueva etapa de desarrollo.
De la cuna a la cama: ¿cuándo es el momento adecuado?
El crecimiento físico no es el único indicador para realizar este cambio. Entre los 18 meses y los 2 años, aproximadamente, muchos niños desarrollan una gran habilidad para trepar.
En esta etapa, la baranda de la cuna —que hasta entonces funcionaba como protección— puede transformarse en un riesgo. Al intentar escalarla, el niño queda expuesto a una posible caída desde una altura que puede superar el metro.
Por este motivo, cuando aparecen los primeros intentos de “salida autónoma”, es recomendable comenzar la transición hacia una cama.
Si se trata de una cuna funcional o convertible, el proceso suele ser sencillo: basta con retirar una de las barandas para transformarla en una pequeña cama. En otros casos, será necesario elegir una cama adecuada a su edad y tamaño.
Cómo acompañar el aprendizaje de dormir en una cama
Dormir en una cama implica nuevas habilidades y también nuevos desafíos. Uno de los primeros aprendizajes consiste en enseñarle al niño a bajar primero las piernas y luego el resto del cuerpo, reduciendo así el riesgo de caídas.
Además, el cambio puede generar cierta resistencia al momento de dormir. Al tener mayor libertad de movimiento, es común que el niño se levante solo, prolongue el ritual del sueño o incluso visite la cama de sus padres durante la noche.
Estas conductas forman parte del proceso de adaptación y suelen ser temporales. La constancia, una rutina previsible y un entorno seguro ayudan a que el niño incorpore este nuevo hábito con confianza.
Con el tiempo, la cama se transforma en su propio espacio: un lugar de descanso, autonomía y crecimiento.
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