La noche de Reyes: tradición, ilusión y recuerdos que duran toda la vida
Cada 5 de enero, cuando cae la noche, algo especial se enciende en muchas casas: la ilusión. La llegada de los Reyes Magos no es solo una fecha del calendario, sino una tradición cargada de simbolismo, emoción y rituales que invitan a compartir tiempo de calidad con los chicos y a construir recuerdos imborrables.
La celebración de Reyes tiene su origen en la historia bíblica de los tres sabios de Oriente —Melchor, Gaspar y Baltasar— que siguieron una estrella hasta Belén para llevarle regalos al niño Jesús: oro, incienso y mirra. Con el paso del tiempo, esta escena se transformó en una de las festividades más queridas por las infancias, especialmente en los países de tradición hispana.
La ilusión como protagonista
Para los chicos, la noche de Reyes es pura magia. No hay apuro, no hay fuegos artificiales ni grandes festejos: hay espera, misterio y una ilusión silenciosa que se construye a lo largo del día. A diferencia de otras celebraciones, Reyes tiene un ritmo más íntimo, casi secreto, que invita a bajar un cambio y disfrutar de los pequeños gestos.
Esa ilusión no aparece sola: se cultiva. Y en ese proceso, la familia cumple un rol central.
Preparativos compartidos: el valor del ritual
Uno de los grandes encantos de Reyes está en los preparativos. Pensar juntos dónde dejar los zapatitos, elegirlos, limpiarlos y acomodarlos con cuidado es parte del ritual. Algunos chicos prefieren dejarlos debajo del árbol, otros al lado de la puerta, en el balcón o cerca de una ventana. No hay una única forma correcta: lo importante es el sentido que se le da al momento.
También está el clásico pasto y el agua para los camellos y, en algunos hogares, algo para que los Reyes repongan fuerzas: una galletita, una fruta, un vaso de agua o incluso una nota escrita por los chicos. Estos gestos simples refuerzan la idea de dar, compartir y pensar en el otro.
Involucrar a los chicos en cada uno de estos pasos no solo alimenta la fantasía, sino que fortalece el vínculo familiar y les enseña el valor de las tradiciones.
Hermanos mayores y primos: aliados clave
Cuando hay hermanos mayores o primos más grandes, suele aparecer una complicidad muy especial. Lejos de arruinar la magia, muchas veces se convierten en sus principales guardianes. Ayudan a preparar todo, responden preguntas con picardía, inventan explicaciones y disfrutan, desde otro lugar, de ver la cara de asombro de los más chicos.
Ese rol también es valioso: les permite correrse del centro, cuidar al otro y ser parte activa de una tradición que, aunque ya no vivan de la misma manera, sigue teniendo un fuerte componente emocional.
¿Qué se festeja y qué se regala?
Más allá de los regalos, lo que se celebra en Reyes es el encuentro, la espera y la sorpresa. Tradicionalmente, los obsequios eran simples: juguetes pequeños, libros, algún detalle simbólico. Vale la pena volver al sentido original y elegir regalos acordes a la edad, que inviten a jugar, crear, imaginar o compartir. No se trata de la cantidad ni del valor material, sino del mensaje que transmiten.
Crear el clima ideal
Para que la noche de Reyes sea especial, no hace falta una gran producción. Alcanzan algunos gestos: bajar las luces, hablar en voz baja, mirar el cielo “buscando la estrella”, leer un cuento relacionado con la fecha o escribir juntos una carta. El clima se construye desde lo emocional, no desde lo espectacular.
6 de enero: la magia al despertar
Y después de la espera llega el momento más esperado: la mañana del 6 de enero. Despertarse temprano y correr hacia los zapatitos para descubrir los regalos, comprobar si los Reyes pasaron, si comieron lo que se les dejó y si el pasto desapareció, es parte fundamental de la magia. Ese instante —las caras de sorpresa, los abrazos, la emoción compartida— suele quedar grabado para siempre. No importa tanto el regalo en sí, sino la experiencia de creer, de esperar y de vivir juntos una tradición que deja huella.
¿Cuándo decir la verdad?
Una de las preguntas que más inquieta a madres y padres es cuándo contarles a los chicos que los Reyes no existen. No hay una edad exacta ni una fórmula universal. En general, son los propios chicos quienes, con el tiempo, empiezan a hacer preguntas o a dudar.
La clave está en acompañar ese proceso con respeto, sin burlas ni desmentidas bruscas. Cuando llega el momento, es importante transmitir que la magia no estuvo en los Reyes en sí, sino en la ilusión, en el juego compartido y en el amor puesto en cada gesto. Muchos chicos, incluso después de saber la verdad, eligen seguir participando del ritual desde otro lugar.
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