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Mami, ¿de dónde vienen los bebés?

Así como los chicos quieren saber cómo funciona un tren o por qué llueve, también se mostrarán interesados por conocer de dónde vienen los bebés. Este interrogante, que debería ser tomado con tanta naturalidad, suele incomodar a los padres, que en general no se sienten preparados para responder. Qué contestar, cómo hacerlo, qué decir y qué no, son dudas habituales de todos los papás.

Pequeños curiosos 

Los niños comienzan a formular preguntas acerca del origen de los bebés a edades muy tempranas. La curiosidad sexual no se despierta en forma espontánea, sino que por lo general se debe a alguna situación de su entorno que se les presenta como enigmática. A veces, surge a partir del nacimiento de un hermanito o porque la mamá de un amiguito está embarazada. Es entonces cuando los pequeños empiezan a reflexionar sobre de dónde vienen los bebés.

Es ahí cuando, tarde o temprano, formulará a sus padres “la pregunta del millón”. 

Obviamente que, por lo general, lo hacen en el momento menos oportuno, nos toma por sorpresa, nos descoloca y nos asusta. Por eso, lo mejor, es prepararnos con anticipación, no para aprendernos una respuesta de memoria, sino para que seamos lo más espontáneos posible y podamos responder sin postergar.

Evitar la respuesta puede aliviar a los padres de una incomodidad momentánea. Sin embargo, se corre el riesgo de crear entre ellos y sus hijos una zona prohibida y oculta que altera la confianza que los chicos depositan en ellos. Siempre debemos buscar que los hijos puedan contar con sus padres para resolver dudas y confiarle sus conflictos, para crear los cimientos de una buena comunicación. No responder a sus inquietudes despierta en los niños sentimientos de angustia y desprotección. Además, si eluden la respuesta o reprochan su curiosidad, el niño dejará de preguntar o buscará satisfacer sus dudas por medio de otras fuentes de conocimiento (por ejemplo, sus amiguitos).

La verdad que necesitan

Antiguamente solían contarse diferentes fábulas acerca del origen de los niños. Que la cigüeña trae a los bebés de París, que los niños nacen de un repollo, o que la mamá se come una semillita, entre otras. Lógicamente ninguna de esas historias era convincente para los chicos, y les quedaban enigmas sin resolver: cómo entró el bebé en la panza, o por qué nunca se ven cigüeñas volando con un bebé en el pico. 

Para que los niños pregunten, los padres tienen que hacer lugar a los interrogantes. ¿Cómo? Respondiendo con la verdad que ellos necesitan. Los chicos deben saber que el nacimiento se produce como consecuencia de una función orgánica, y no como producto de una historia fantástica. 

Las explicaciones deben comenzar cuando el pequeño pregunta. Sin embargo, hay que darle información acorde con su edad y madurez emocional, en un lenguaje claro y simple, y sin aportar más datos que los que el niño pide.

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Las respuestas según pasan los años

  • A los 3 años

A esta edad se le puede contar que los bebés vienen de la panza de la mamá, y que son fruto del amor entre papá y mamá.

  • A los 4 años

En este momento se le puede ir explicando que los nenes tienen pene y las nenas vagina, y que es por ese agujerito por donde entran y salen los bebés.

  • A los 5 años

A esta edad se puede continuar explicándole acerca de las diferencias sexuales, pero siempre haciendo referencia a lo anatómico de cada sexo. Tomando como ejemplos a papá y mamá, explicarle que el varón tiene pene, y que la mujer tiene una vagina y senos que le permitirán alimentar al bebé cuando nazca.

Se le contará también que los bebés crecen en el vientre de la madre durante 9 meses hasta que finalmente nacen. También es bueno explicarles que -antes de nacer- él también estuvo en la panza de mamá.

El último interrogante, que tardará más tiempo en plantearse, será cómo entró la “semilla” o la “gotita” en el vientre materno.

  • A los 10 años

En este momento el niño suele tener las primeras revelaciones sexuales. Sin embargo, frente a estos hallazgos que los chicos hacen entre sí y que corresponden a informaciones correctas, también hay residuos de las teorías sexuales infantiles previas. Por eso es tan importante el esclarecimiento que puedan ofrecer los padres sobre el tema. 

A los 10 años, ya conoce la existencia de la vagina y su destino como receptora del pene. Pero el desconocimiento de la sustancia seminal (como antes el de la vagina) impide la total resolución del enigma, porque el niño no relaciona que además de orina el pene segrega semen. Este es el gran misterio que corresponde develar en esta etapa, teniendo en cuenta que es posible recurrir a libros o videos didácticos.

Sería ideal que el pequeño pudiera ver por sí mismo el nacimiento de algún animal doméstico, como un perro o gato. Cualquier explicación que intentemos darle nunca tendrá la misma riqueza que vivenciar ese momento por sí mismo.

La escuela será, en esta época, un importante apoyo para los padres en lo que a la educación sexual se refiere.

Algunos consejos

  • Responder con la mayor sinceridad y honestidad posibles, para que la confianza de los chicos en sus padres no quede afectada.
  • Tener en cuenta su edad.
  • La educación sexual debe contemplar una serie de aclaraciones, de un modo simple y natural, en las circunstancias apropiadas.
  • Las explicaciones deben ser lo más verídicas posibles.
  • No conviene dar explicaciones complejas que los chicos no entenderían.
  • Todas las respuestas deben poner el acento en el amor, el cuidado y la responsabilidad que implica una relación sexual.
  • Responder a lo que el niño pregunta sin agregar información que no está pidiendo.
  • Contestar en el momento en que pregunta. Si postergamos la respuesta, es probable que el pequeño ya no se muestre interesado en ella, y lo que es peor, tal vez no vuelva a preguntar sobre el tema.

Asesoró: Dra. Mariana Czapski, Psicóloga y especialista en Psicología Clínica

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